sábado, 7 de abril de 2012

Tal vez.

Tal vez soy sordo,
y no escucho lo que me dices,
me murmuras que no me quieres y yo río,
y cuando me quieres yo no estoy...
Tal vez, quizá; a lo mejor,
eres amiga del silencio,
del secreto cautivante,
y me tienes preso de tu introversión,
hasta que lo consideres necesario.
Quizá no me quieras, quizá si,
y tal vez yo me encuentre solo en esta ilusión,
hecha de barro y bares de mala muerte,
o de lugares tiernos y connotados,
donde mis barcos de papel nadan en los confines de los hermosos lavamanos,
en ese lugar pareciera perecer la pureza de la inmensidad de mis días,
mientras espero un te quiero de tus labios pequeños.
Ojalá, como dice el trovador, leyeras mi boca sucia,
rota de minutos perdidos en la muralla kilométrica,
sangrando ternura a caudales,
que se embotella en un vino tinto y apasionado,
de aquel vino que quiero que bebas,
para que te emborraches y llores conmigo,
que vomites tus misterios felinos,
misteriosos cual odio israelí y palestino,
y luego duermas en mi pecho,
como la primera niña que amé en el colegio,
y como la última que quiero para mi pruebas.
Tal vez tengas derechos a guardar silencio
como las leyes te permiten hacerlo,
y si querer conocerte fuera un delito,
la pena de muerte sería un eufemismo,
para mis intenciones macabras...
Solo conocerte...
Y darte un abrazo tibio,
un beso cálido,
y una sonrisa dulce,
Cual chocolate de la sorpresa,
quiero que seas presa de mi corrupción,
que la oscuridad sea la presión,
de nuestra complicidad eterna...
tu secreto... mi secreto... mi silencio... tu silencio...

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