miércoles, 4 de abril de 2012

Siete lágrimas y un beso

Mientras ordenaba mis cuadernos grises,
y encendía la primera barricada de mis letras,
me pregunté, ¿qué sucedería?
si le preguntase si me extraña; cómo ha estado...

Se bañó de llamas mi garganta (saber es un arma poderosa)
y mis esperanzas fueron aire, mar y cenizas,
un resfriado y su fiebres me insinuaban,
que quizá usted ya ni me recuerda.

Y si quizá usted no me recuerda
debería beber más amenudo,
pues en la botella desato los nudos,
que usted misma dibujó en mi cabeza.

Allá mil años más tarde,
en el país del mañana,
podremos; quizá, amar-nos sin pensar en el ayer:
En el que yo la quería mucho, pero usted ya me había olvidado.

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