que eres tuya, y yo soy mío,
olvidemos el mundo vacío,
del cual somos testigo a todo momento.
Olvidemos que te fuiste con el viento,
porque al irte me llenaste de añoro,
que al volver serán tesoro,
porque es usted; solo usted, la señora de los tiempos.
Olvidemos que fuiste compañera,
unidos en el comunismo de nuestros cuerpos,
alejados de la doctrina; plasmado en movimientos,
sin color, sin bandera; solo tus labios como miel pasajera.
Olvidemos, pues, barreras de kilómetros,
tu indiferencia y mi ausencia gris,
recordando un beso con sabor anís,
la sangre y el calor; la sed ardiente del cronómetro.


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