el que encuentra vive,
el que vive sueña,
y el que sueña es niño.
Somos niños todos,
en el país de las maravillas,
somos las ratas de su alcantarilla,
muriendo poco a poco.
Entre el silencio y llanto,
somo la sangre eterna;
sangre de guitarras,
y del temor somos espanto.
De la ópera un canto,
de ira y sosiego,
de un Dios y somos juego,
como la fuerte al infarto.
De esperar no me harto,
de beber polvo de acera,
como en las nubes barcos a vela,
En desvelos y estelas: soñando.
Llovería su sequía,
cual licor inunda al borracho,
como tristeza incendia un despacho:
Solo nunca la dejaría.
Rayando las paredes de tus días,
construiré un castillo con un beso tuyo,
susurraré mis palabras en la dulzura; desde su cuello a Normandía,
en la inmensidad del mundo de sus maúllos...


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