¿Por qué?:
¿Por qué, mi palomita de labios emocionados?
¿Qué será del sol sin la dulzura de tus ojos?
¿Cómo sonreiré a la vida sin el calor de tu sonrisa?
¡Dime una vez! ¿En qué momento de mis versos enamorados fueron el ajedrez de tu femenina astucia? Dímelo mi vida: ¿qué mierda está pasando?
Y allí estaba yo; con mis harapos de tabaco, subiéndome al tren de la ilusión de conocerte, viajando ansioso, con los ojos minuciosos escrutando hasta el último detalle del mundo escrito. Viajaba y sonreía. Llegué: ¿Puedo estar? ¿Realmente existes? ¿Serás parte de una broma que la vida en sus mil enseñanzas nos juega? ¿Estoy realmente vivo? ¿Eres tú? ¿Soy yo?
Son esas mil preguntas que flecharon mis joviales neuronas al momento de ver el destello de tus ojos devorándome: consumiendo mi libertad, declarándome preso del rayito fugaz de tus besos escarchados, de tus manos pequeñas, del humo de tus cabellos invernales, y de tus pasos lentos; cual nube somnolienta viaja en los confines de este techo de la vida. Preso fui: ¿qué condenas a duras penas debo cumplir?
Lluvia mustia: adiós al fraseo paradisíaco, hasta pronto intercambios de ternura en bruto… ¿En cuál puto minuto yo disfruto del fruto de la indiferencia? ¿Por qué cortas las amarras; las ramas de las parras, del amor desnudo? Exploro cada rincón del gris momento; con el corazón desvanecido entre mis dedos, y solo me pregunto: Mi amor; la esperanza de la llave de mi destino… ¿Por qué?


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