lunes, 22 de marzo de 2010

Árbol.

Estalla en caudales de histeria la distancia que te separa,
Como un verdugo químico que asesina moscas inocentes,
Como la lluvia cae sin opción sobre un asfalto opaco,
O como el espejo muere de envidia por tener un rostro.

Caminando por calles observo día a día aquel árbol,
¿Crecerán su ramas o mi cáscara humana?
¿Cantara mi voz o callarán los demás?
¿Anidará su alegría o emigrará su pena?
Árbol, ojalá te florezcan pétalos de verde ternura y no espinas de envidia,
No eches raíces en el agua de mal río, porque deteriorarás a tus hojas,
No rechaces al pájaro del mal agüero, sino el se encargará de marchitar te,
El fruto de tu espera te hará crecer; hasta superar a los edificios muertos,
Y los humanos te envidiarán tanto que te cortarán y te harán humo nocivo.

Mas, tus raíces serán de tal vigor; como el de un empresario corrupto,
Que ni la más persistente sierra o presuntuosos rayos podrán cortarte,
Cariño brotará de tu savia amarilla en elixir,
Ahogándome y haciéndome adicto a ti,
Angustioso será no ver el cantar de los nidos nacientes, como ver su abandono,

Triste será no borrar la suciedad de la gente, que destruye tu corteza endeble,
Pero nuestra raíz será más fuerte; permaneciendo siempre en la tierra,
Con mis manos sonoras y tu savia espesa,
Con tus ramas crecientes y mis ganas de volar.

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