lunes, 26 de octubre de 2009

Diez minutos.

El minuto nace, crece, en sesenta mil pulsadas de nuestra vida,
Son sesenta, setenta y y ochenta las veces que desvelado intenté convencerlos de ser su amigo,
Caminan diez hermanos minutos; astutos e imperceptibles, quitándoles su individualidad,
Por eso un minuto se siente solo, triste y desmoralizado, al ver que no entienden,
No sienten, nadie más percibe su libertad y su importancia; amos y señores del tiempo,
¿Qué pasaría si mis amigos décimos decidieran dejar de trabajar?
¿Si el tiempo se detuviera?

El vagabundo reloj viviría huérfano de su vida, sería metal que contamina su uso,
Estéril de utilidad, ¿Qué ciclo vital ocuparía?
No lo sé...
Un reloj, de arena, engranajes, sol y minutos,
Sean veinte o dos, cuatro o tan solo uno,
Infinidades de horas, o tan solo aquellos desterrados diez minutos,
Solo ellos; mis amigos, me han enseñado que el tiempo no se detiene,
Sé que no es gran cosa; pero, la vida sigue avanza y por desgracia se destruye...
Esos diez minutos me enseñaron mucho...
El tiempo se acaba, vive la vida como si fueran diez minutos, cinco, uno...
Un momento, un suspiro...
Como aquellos diez minutos...

No hay comentarios:

Publicar un comentario